En los templos tibetanos casi siempre hay una figura sentada sobre un loto, con un sombrero de pétalos, un vajra en la mano derecha y una mirada que impone. Es Guru Rinpoche, el «Maestro Precioso», nombre con el que se venera a Padmasambhava, «el Nacido del Loto». Para millones de practicantes en el Tíbet, Nepal, Bután y el resto del mundo es el «Segundo Buda»: el maestro que, en el siglo VIII, consiguió que el budismo echara raíces en el Tíbet. Su historia mezcla crónica y leyenda, y las dos merecen conocerse.
Quién fue Padmasambhava
Padmasambhava fue un maestro tántrico indio que, según las fuentes tibetanas, llegó al Tíbet en el siglo VIII invitado por el rey Trisong Detsen. La Encyclopaedia Britannica lo describe como la figura que introdujo el budismo tántrico en el país y a quien se atribuye la fundación de su primer monasterio, Samye.
En la tradición tibetana no se le ve solo como un personaje histórico. Se le considera una emanación del Buda Shakyamuni, que según los textos anunció su llegada antes de morir. Por eso muchos tibetanos lo llaman sencillamente Guru Rinpoche, sin más explicaciones: todo el mundo sabe de quién se habla.
Su figura es central para la escuela Nyingma, la más antigua del budismo tibetano, que lo considera su fundador. Pero su influencia va mucho más allá. Las prácticas ligadas a él se transmiten también en las escuelas Sakya, Kagyu y Gelug, y su devoción está presente en todo el mundo tibetano.
Entre la historia y la leyenda
Durante buena parte del siglo XX, varios tibetólogos dudaron de que Padmasambhava hubiera existido. Hoy el panorama es distinto. El investigador Lewis Doney resume la postura actual diciendo que su existencia histórica se acepta, aunque con cautela.
Lo que dicen las fuentes antiguas
La crónica más antigua que lo menciona es el Testamento de Ba (Dba’ bzhed), que narra la fundación de Samye. Según este texto, el abad indio Shantarakshita había viajado al Tíbet para impulsar el budismo, pero una serie de desgracias, como la inundación de un templo y un rayo que cayó sobre el palacio real, hicieron pensar a la corte que los dioses locales estaban enfadados. Shantarakshita tuvo que marcharse a Nepal y, a su regreso, trajo consigo a Padmasambhava.
El mismo texto cuenta algo menos conocido: cuando parte de la corte empezó a sospechar que el maestro quería hacerse con el poder, el rey le pidió que se marchara. Además, en los manuscritos hallados en Dunhuang aparece un maestro tántrico llamado Padmasambhava, asociado a los rituales de kilaya (la daga ritual) y al sometimiento de demonios, aunque esos textos no lo relacionan con Trisong Detsen.
Cómo creció la leyenda
La gran biografía tradicional llegó siglos después. En el siglo XII, Nyangrel Nyima Özer reveló El Palacio de Cobre (Zangling-ma), la primera vida completa de Padmasambhava, que fijó buena parte de los episodios que hoy se cuentan. En 1352, Orgyen Lingpa amplió el relato en el Testamento del Loto (Padma Kathang), una biografía extensa en la que se le llama repetidamente «Segundo Buda».
Esto no resta valor a la figura. Para los practicantes, la biografía sagrada no es una crónica periodística, sino un mapa del camino espiritual. Cada episodio de su vida enseña algo sobre la práctica.
Para millones de practicantes es el «Segundo Buda»: el maestro que consiguió que el budismo echara raíces en el Tíbet.
Un nacimiento sobre un loto
Según El Palacio de Cobre, Padmasambhava apareció como un niño de ocho años sentado en el centro de una flor de loto, en el lago Dhanakosha, rodeado de dakinis. El lago estaba en el reino de Oddiyana, que la tradición suele situar en el actual valle de Swat, en Pakistán, aunque su ubicación exacta se sigue debatiendo.
El rey Indrabhuti, que buscaba una joya que cumpliera sus deseos, encontró al niño, lo adoptó y lo nombró heredero. Así recibió el título de Pema Gyalpo, el «Rey Loto». Hay otras versiones de su nacimiento, incluida una en la que nace del vientre de una reina, pero la del loto es la que ha pasado al arte y a la memoria popular.
La salida del palacio
Como el propio Buda, el joven príncipe acabó dejando la corte. En el relato tradicional, un accidente con su báculo ritual, el khatvanga, causa la muerte de un ministro y Padmasambhava es desterrado. Lejos de ser un castigo, el exilio le abre el camino del mahasiddha, el yogui que practica en los osarios y lugares salvajes de la India.
El camino del yogui
Antes de llegar al Tíbet, Padmasambhava recorrió la India y Nepal practicando y recibiendo enseñanzas. Varios de esos lugares son hoy centros de peregrinación.
Mandarava y el lago de Rewalsar
En Rewalsar, en el actual estado indio de Himachal Pradesh (los tibetanos lo llaman Tso Pema, «Lago del Loto»), enseñó en secreto a la princesa Mandarava. Cuando el rey se enteró, intentó quemarlos vivos a los dos. Según la leyenda, cuando el humo se disipó, ambos seguían meditando sobre un loto en medio de un lago. El rey, asombrado, le ofreció su reino y la mano de su hija.
Maratika y Yangleshö
Con Mandarava viajó a la cueva de Maratika, en el este de Nepal, donde practicaron los rituales de larga vida del Buda Amitayus. Más tarde, en las cuevas de Yangleshö, en Pharping, al sur de Katmandú, combinó las prácticas de Yangdak Heruka y Vajrakilaya y alcanzó, según la tradición, la realización suprema del Mahamudra.
Este último detalle es importante para entender su relación con la escuela Sakya. Vajrakilaya, la deidad asociada a la daga ritual, acompaña a Padmasambhava desde las fuentes más antiguas hasta hoy.
La llegada al Tíbet y la fundación de Samye
El rey Trisong Detsen, que reinó aproximadamente entre 755 y 797, quería convertir el budismo en la base cultural de su imperio. Para ello invitó a Shantarakshita, un erudito de la universidad india de Nalanda. Pero las obras del primer monasterio no avanzaban: según la tradición, lo que se construía de día se derrumbaba de noche.
Siguiendo el consejo del abad, el rey invitó a Padmasambhava. El maestro identificó a las deidades y espíritus locales, los sometió y los ligó por juramento como protectores del Dharma. El más conocido es Pehar, que acabó convertido en guardián de Samye.
Un monasterio con forma de universo
Samye, «lo Inconcebible», se construyó como un gran mandala. El templo central representa el monte Meru, el eje del cosmos budista, y a su alrededor se levantan edificios que simbolizan los continentes, cuatro estupas de colores en las esquinas y una muralla circular. Las fechas varían según las fuentes, pero las obras se sitúan entre 763 y 779, y en 779 se ordenaron allí los primeros monjes tibetanos.
Durante la consagración, según el V Dalái Lama, Padmasambhava ejecutó la danza de Vajrakilaya para pacificar el terreno. Esa danza ritual sigue viva en las danzas cham que se celebran en los monasterios del Himalaya.
Maestro del rey y de sus discípulos
Tras la fundación de Samye, Padmasambhava dio enseñanzas en las cuevas de Chimphu, sobre el monasterio, a un grupo de veinticinco discípulos principales, encabezados por el propio rey. Entre ellos estaba Yeshe Tsogyal, su principal discípula y consorte tibetana, a la que hoy se venera como «Madre del budismo tibetano» y como un Buda en forma femenina.
Lo que se construía de día se derrumbaba de noche, hasta que el rey invitó a Padmasambhava.
Los terma: enseñanzas escondidas para el futuro
Uno de los legados más singulares de Guru Rinpoche son los terma, los «tesoros». Según la tradición, Padmasambhava y Yeshe Tsogyal escondieron enseñanzas en cuevas, rocas, lagos e incluso en la mente de sus discípulos, para que fueran descubiertas siglos más tarde, cuando hicieran falta.
Las personas que encuentran estos tesoros se llaman tertön. A lo largo de la historia han revelado ciclos enteros de prácticas atribuidos a Padmasambhava. El más famoso en Occidente es el Bardo Thödol, conocido como El libro tibetano de los muertos, revelado por el tertön Karma Lingpa en el siglo XIV.
El sistema de los terma explica, en parte, por qué la figura de Guru Rinpoche sigue tan viva. No es solo un maestro del pasado, sino una fuente de enseñanzas que, según la tradición, sigue manifestándose.
Bután, el país de Guru Rinpoche
Pocos lugares están tan unidos a Padmasambhava como Bután, donde se le considera el santo patrón del país. La tradición habla de tres visitas suyas y de decenas de lugares sagrados que bendijo.
El más célebre es Paro Taktsang, el «Nido del Tigre», un monasterio colgado de un acantilado a unos 900 metros sobre el valle de Paro. Se construyó alrededor de la cueva donde, según la leyenda, meditó tras llegar volando a lomos de una tigresa, que era en realidad una de sus consortes transformada. En el valle de Bumthang, el templo de Kurje Lhakhang guarda la roca donde se dice que quedó impresa la huella de su cuerpo.
Los festivales tsechu que se celebran en todo Bután, con sus danzas enmascaradas, conmemoran precisamente la vida y las hazañas del maestro.
Las ocho manifestaciones de Guru Rinpoche
La iconografía tibetana representa a Padmasambhava en ocho formas, conocidas como Guru Tsen Gye. Cada una corresponde a un momento de su vida y a una forma distinta de actuar, unas pacíficas y otras airadas.
| Manifestación | Significado | Momento de su vida |
|---|---|---|
| Pema Gyalpo | Rey Loto | Adoptado como príncipe de Oddiyana |
| Nyima Özer | Rayo de Sol | Yogui errante en los osarios de la India |
| Loden Chokse | El sabio que reúne el conocimiento | Estudio con los grandes maestros |
| Padmasambhava (Orgyen Dorje Chang) | El Nacido del Loto | Enseñanzas a Mandarava |
| Shakya Senge | León de los Shakya | Ordenación como monje |
| Senge Dradrok | Rugido del León | Vence en debate a los no budistas |
| Pema Jungne | El Nacido del Loto | Llegada al Tíbet, forma más representada |
| Dorje Drolö | Forma airada de Vajrakilaya | Somete a los obstáculos en el Himalaya |
La forma más habitual en las imágenes es Pema Jungne: sentado, con el sombrero de loto, un vajra en la mano derecha, un cuenco de cráneo con el jarrón de larga vida en la izquierda y el khatvanga apoyado en el brazo.
Durante trece generaciones, los Khön guardaron las enseñanzas recibidas de Padmasambhava.

Guru Rinpoche y el linaje Sakya
Para quien se acerca al budismo desde la tradición Sakya, la relación con Guru Rinpoche no es lejana ni simbólica. Es una relación de familia.
Khön Lui Wangpo, discípulo directo
La escuela Sakya está unida desde su origen a la familia Khön. Uno de sus miembros, Khön Lui Wangpo Sungwa, fue uno de los sad mi mi bdun, los «siete hombres puestos a prueba», los primeros tibetanos ordenados por Shantarakshita en Samye, según recoge The Treasury of Lives.
Lui Wangpo fue también discípulo directo de Padmasambhava, de quien recibió la iniciación, las enseñanzas y las instrucciones esenciales de Vajrakilaya. Su Santidad el Sakya Trichen ha explicado que Lui Wangpo practicó hasta alcanzar grandes realizaciones y que el propio Padmasambhava declaró que había llegado a la octava etapa del camino del bodhisattva. Su hermano, Khön Dorje Rinchen, continuó la línea familiar.
De la familia Khön a la escuela Sakya
Durante unas trece generaciones, la familia Khön fue un pilar de la escuela Nyingma en la región de Tsang. En el siglo XI, Khön Könchok Gyalpo (1034-1102) decidió orientarse hacia las nuevas traducciones que llegaban de la India y estudió el Hevajra con el traductor Drokmi.
En 1073 construyó un pequeño templo junto a una ladera de tierra grisácea, sa skya en tibetano. De ahí viene el nombre de la escuela. Según la tradición, el lugar había sido profetizado tanto por Padmasambhava como por el maestro indio Atisha.
El Vajrakilaya de los Khön
Al cambiar de rumbo, Könchok Gyalpo dejó atrás buena parte de los rituales antiguos de su familia. Pero, según la historia Sakya, las deidades protectoras le indicaron que conservara el sistema Vajrakumara de Vajrakilaya y algunos ciclos de Yangdak Heruka.
Por eso el Vajrakilaya del linaje Khön sigue siendo una de las prácticas más importantes de la escuela Sakya. Su línea de transmisión empieza en Padmasambhava, pasa por Lui Wangpo y por los cinco grandes maestros fundadores de Sakya, y llega sin interrupción hasta los actuales Sakya Trizin. Además, los grandes maestros Sakya han practicado y transmitido a lo largo de los siglos otros ciclos ligados a Guru Rinpoche.
Cómo se honra hoy a Guru Rinpoche
El décimo día de cada mes lunar, llamado tsechu, está dedicado a Guru Rinpoche. Según la tradición, ese día el maestro regresa al mundo del Himalaya cabalgando sobre los rayos del sol naciente para ayudar a los seres. Muchos centros celebran ese día con prácticas y ofrendas especiales (tsok).
La celebración más importante del año es su nacimiento, el décimo día del mes del Mono. Según el calendario que se siga, ese mes cae entre el tercero y el sexto del año lunar, como explica la biblioteca Mandala de la Universidad de Virginia.
La oración de siete versos y el mantra
La práctica más extendida es la Oración de siete versos, que muchos tibetanos recitan a diario y que, según los maestros, contiene en pocas líneas la esencia del Dzogchen. Se puede leer, con traducciones, en Lotsawa House. El gran erudito Mipham le dedicó un comentario famoso, El Loto Blanco.
Junto a ella se recita el mantra Vajra Guru:
Om Ah Hum Vajra Guru Padma Siddhi Hum
En la pronunciación tibetana suena «Om Ah Hung Benza Guru Pema Siddhi Hung». El maestro Jamyang Khyentse Wangpo explicó que las tres primeras sílabas corresponden al cuerpo, la palabra y la mente iluminados; Vajra, Guru y Padma aluden a los tres cuerpos de un buda, y Siddhi Hum es la petición de que todas las realizaciones lleguen a la mente del practicante. Como en otras prácticas del Vajrayana, lo recomendable es recibir su transmisión de un maestro cualificado.
Un maestro que sigue presente
Doce siglos después, Guru Rinpoche sigue en el centro de la vida espiritual del Himalaya y de miles de centros budistas en todo el mundo. Para los historiadores es el maestro tántrico que ayudó a fundar Samye. Para los practicantes es mucho más: un buda que prometió no abandonar a quienes le recen con sinceridad.
Según la tradición, cuando terminó su misión en el Tíbet partió hacia la tierra de los rakshasas, al suroeste, donde reside en su tierra pura, la Montaña de Color Cobre (Zangdok Palri). Desde allí, dicen sus seguidores, sigue atendiendo las oraciones de quienes lo invocan, especialmente cada décimo día del mes lunar.

